Fotografía sin Cámara

Aquí puedes leer tres “Fotografía sin Cámara”.

La pareja del bus. Línea 7.

Son las 9:20 y están sentados delante mío, aquí en el bus.
Ella tiene el pelo largo y recogido en una coleta floja, lo que hace que varios cabellos se le escapen y caigan sobre su rostro. Lleva gafas grandes que resaltan su mirada y está maquillada simulando, lo que intuyo, ha sido una larga noche de estudio.

A él le comienzan a asomar la primeras canas. Se le ve tranquilo aunque cansado.

Deduzco fácilmente que son estudiantes por sus apuntes desplegados delante mío. Ella repasa de sus propios apuntes mientras él lo hace de copias. Es obvio que hoy tendrán un examen o presentación importante.

De repente él le comenta algo. Su mirada le delata, él le ama, y ella, en un instante fugaz, le corresponde con un destello de luz en los ojos.
Me llega la confirmación cuando ella deja caer su cabeza en el hombro de él confiada y enamorada. Es feliz… Por un instante quedan así callados con los ojos cerrados sintiendo el sol que les encuentra de lleno cuando gira el bus. Esta es mi foto y éste es el instante en el cual ambos olvidan por unos segundos el examen, el cansancio y simplemente están el uno con el otro.

El 7 continúa su camino por la Gran Vía atiborrada de coches.
Ojalá pudiese fotografiarlos en este preciso instante que el sol les ilumina dando más magia si cabe a un instante más de tantos que compartirán y recordarán como etapas que caminaron juntos mientras construían su proyecto común.

En este instante también me debato si presentarme y contarles de esta fotografía… Ella vuelve a acurrucarse, él le besa cariñosamente sus cabellos, ella sonríe aunque él no ve la sonrisa.

El 7 continúa ahora por la Diagonal… Y entonces me lanzo…
Les cuento de esta fotografía sin cámara, les escribo mi nombre y apellido en los apuntes de ella quedando así ligada para siempre a este momento concreto, efímero, cotidiano.. Que es íntimo pero que lo hemos compartido.

Quedo ligada como cuando hago una foto… Y ahora, mientras acabo de transcribir mi fotografía sin cámara deseo que les haya ido bien el examen… Y así lo desearé con sus vidas siempre que esta fotografía escrita me vuelva a encontrar leyéndola…

Ellos leerán esta fotografía y serán los primeros…

La pequeña Lady.

Una Lady pasa delante mío. Su presencia se impone en el concurrido hall de la cafetería en la que me encuentro.

Va elegante, con un peinado informal que recoge su luminoso y colosal cabello. Como accesorios lleva unas gafas de sol y unas bambas rojas a juego conteniendo sus pies.

La Lady está de visita en la ciudad condal, se le nota. Va super bien acompañada.
Lleva su espalda recta, con actitud, con decisión, con tantas otras sensaciones que me transmite en este breve instante en el que la veo pasar delante de mí.

Esta personalidad tan potente se evidencia, si cabe aún más, porque la Lady no supera los 4 años y se desplaza en una personalísima silla de ruedas, también elegante, colorida pero no carnavalezca, discreta pero fuerte… Una silla que enaltece a la Lady, a su pequeña gran personalidad.

La Lady no me ha registrado, pero yo sí… La vi inmensa, tan inmensa e infinita, la vi, y no pude evitar sentir que esta Lady podría perfectamente ser la mismísima real personificación del Principito y todo lo que él representa en nuestros corazones…

Esta Lady, que no princesa, de repente desapareció… Pero su huella me dejó.

Dúo de voces.

Medio día. Acabo mi clase de Inglés y cojo calle abajo desde Esplugues. Cada lunes y miércoles hago el mismo camino.

Y en el sitio menos esperado, una acera cualquiera, delante la fachada modesta de un súper y a pleno sol les veo a ellos mientras espero el semáforo. Les veo porque antes les oigo cantar felices como si estuviesen delante el público del Liceu.

¡Ambos lo dan todo! Él es enorme. Lleva una camiseta roja pasión, y mientras canta eleva su cara al cielo para sentir el sol… Ella es tremendamente pequeña, frágil y lleva el pelo cortito y totalmente blanco con una pequeña pincita que sujeta un mechoncito justo detrás la oreja derecha (y veo este detalle porque la pinza tiene una piedrita de strass que brilla al sol). Ella rondaría los 80 y mientras canta sostiene su andador, ¡que no se le vaya a resbalar por Dios!

Ahí estan los dos, ella canta embelesada y feliz mientras hace ademanes al cantar. ¡Él sigue super quieto aferrado a su bastón blanco cantando al sol y con una sonrisa inmensa!
Ella canta mientras el canto le transporta a otro lugar. Él canta feliz porque siente la alegría de ella y si bien no la puede ver, ambos forman el mejor dúo que jamás haya visto.

La canción acaba, y ella le dice:
– ¡Que tengas un buen día majo!
– ¡Usted también!, le dice él.

El semáforo se pone en verde… y los tres nos ponemos a andar… ojalá me los vuelva a encontrar.

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